Casi 1.000 muertos y más de 50.000 desaparecidos es el saldo del doble terremoto en Venezuela, a medida que crece la impotencia por la falta de ayuda oficial para rescatar rápidamente a sobrevivientes.
Los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 ocurridos el miércoles en menos de un minuto dejaron un panorama de devastación. Cientos de edificios colapsaron, especialmente en La Guaira, una población costera vecina a Caracas donde la población denuncia la escasa presencia del gobierno en las labores de rescate.
En La Guaira parece que hubiera caído una bomba nuclear. Altos edificios se derrumbaron como castillos de naipes y quedaron transformados en montañas de arena y escombros.
El gobierno militarizó La Guaira y restringió el acceso.
Los primeros cuerpos de socorristas extranjeros ya comenzaron a trabajar en este país en crisis, con un sistema de salud colapsado y precarios cuerpos de rescate. Pero las tareas de rescate avanzan lentamente, y hay cuerpos aún visibles bajo los escombros.
La gente clama por ayuda a medida que pasa el tiempo y la posibilidad de hallar sobrevivientes se esfuma.