Hoy domingo, en el MetLife Stadium, Marc Cucurella puede firmar su primera hazaña como madridista sin haberse puesto todavía la camiseta, sin haber pisado el césped del Bernabéu y sin haber jugado un solo minuto oficial de blanco. El lateral está a noventa minutos de entrar en una lista de 11 nombres, 11 en 22 ediciones. Un espacio más cerrado de lo que el madridismo suele recordar, porque la nómina consta únicamente de aquellos que ganaron el Mundial siendo jugadores del Real Madrid. Ni antes ni después.
Y esa exigencia deja fuera a muchas leyendas. Cucurella, único madridista en la convocatoria de Luis de la Fuente tras consumarse su fichaje antes del debut y uno de los cuatro futbolistas que han disputado los 630 minutos del torneo sin descanso, está a noventa minutos de convertirse en el duodécimo.
Las dos asistencias de Cucurella ante Austria
Durante casi medio siglo, la lista estuvo vacía. De 1930 a 1970, doce ediciones, ni un solo campeón del mundo vistiendo de blanco en el momento de la coronación. Hubo nombres que rozaron la ecuación. Julio César Britos formó parte de la Uruguay que silenció Maracaná en 1950, pero entonces jugaba en Peñarol; llegó al Bernabéu tres años más tarde. Didí, cerebro de Brasil, fue campeón en 1958 y repitió en 1962, y su única temporada de blanco fue la 1959/60, justo el hueco entre ambas coronas. Campeón antes de llegar y después de marcharse, nunca mientras lo era.
El pionero Netzer
El primero en romper el maleficio fue Günter Netzer, en 1974. El alemán había fichado el año anterior desde el Borussia Monchengladbach y se proclamó campeón en casa con la RFA, aunque su torneo fue casi un secreto. Un solo partido, como suplente, a la sombra de Beckenbauer. Aquel día, curiosamente, había otro futuro madridista sobre el césped celebrando: Paul Breitner, que marcó de penalti en la final ante Holanda. Pero Breitner era del Bayern y no fichó por el Madrid hasta semanas después. Netzer, el que apenas jugó, es el pionero.
Hubo que esperar 12 años para el segundo, y llegó con acento argentino. Jorge Valdano fue campeón en México 86 con Maradona, y su aportación no fue testimonial: cuatro goles, incluido uno en la final ante Alemania. Otros 12 años después apareció el tercero, Christian Karembeu, que disputó cuatro partidos de aquella Francia campeona en su propia casa. La final de 1998 la decidió Zinedine Zidane con dos golpes de cabeza, pero el francés era entonces jugador de la Juventus; no llegaría a Chamartín hasta 2001.
La Argentina de 1986.
El nuevo siglo aceleró el ritmo. En 2002, Roberto Carlos se convirtió en el cuarto socio del club. Llevaba más de un lustro en el Madrid, jugó los siete partidos de aquel Brasil pentacampeón y hasta marcó un gol. A su lado celebraba Ronaldo Nazário, máximo goleador con ocho tantos y dos en la final, pero el Fenómeno era entonces propiedad del Inter. Ficharía por el Madrid ese mismo verano, con la Bota de Oro bajo el brazo, y por eso su nombre queda fuera de la cuenta.
La generación dorada de España
La cosecha más generosa llegó en 2010, y fue histórica. Cinco madridistas de golpe en la única estrella española: Iker Casillas como capitán y héroe de la parada a Robben, Sergio Ramos como columna vertebral, Xabi Alonso como cerebro del centro del campo, Álvaro Arbeloa en el lateral y Raúl Albiol, que se perdió Sudáfrica por una lesión inoportuna y aun así se colgó la medalla en su primera temporada de blanco. Ese día el club de los cuatro se convirtió en el club de los nueve.
España 2010.
Después vinieron algunos goteos. Sami Khedira, ahora ayudante de Mourinho, en Brasil 2014, único madridista de aquella Alemania campeona, porque Toni Kroos fichó ese verano —después del título— y Mesut Ozil ya se había marchado al Arsenal en 2013. Y Raphael Varane en Rusia 2018, central titular de Francia, el undécimo y el último hasta hoy. En Qatar 2022 no hubo ninguno, ya que ningún jugador del Madrid celebró con Argentina. Ocho años de sequía.
Por eso lo de hoy tiene un sabor particular. España llega invicta a la final, con seis victorias y un empate, trece goles a favor y uno solo en contra. La mejor defensa del torneo. Y en ese carril izquierdo inexpugnable hay un nombre que hasta hace unas semanas era del Chelsea y que este verano firmó por el Madrid hasta 2032. Si sale bien, entrará en el club de los once por la puerta más insólita de todas. La de quien se proclama campeón del mundo antes de haber jugado un solo minuto oficial vestido de blanco.

