Luego de polémicas públicas que surgieron con los embajadores de Irán y Rusia en Bolivia, el canciller Fernando Aramayo se reunió con ambos representantes diplomáticos para reafirmar los principios de no injerencia en las relaciones bilaterales.
El embajador de Irán, Bahram Shahabeddin, generó polémica porque durante la posesión del gobernador Leonardo Loza y expresó su deseo de que Cochabamba sea la capital de Bolivia, lo generó rechazo de políticos y representantes particularmente de Sucre.
Según difundió la Cancillería, en la reunión de Aramayo con Shahabeddin se reafirmó el “respeto a la soberanía y no injerencia en la política interna”, además de “actuar con sensibilidad al contexto sociopolítico y por tanto respetar ese principio al momento de emitir criterio u opinión pública”.
En el caso del embajador Dmitry Verchenko de Rusia, la polémica fue por un pronunciamiento emitido para descalificar a un columnista de periódico que escribió sobre el presidente Vladímir Putin.
La Cancillería informó que con el embajador ruso se conversó “sobre la necesidad de preservar el respeto mutuo y encauzar cualquier diferencia a través de los mecanismos protocolares establecidos, evitando que situaciones aisladas afecten la armonía y la cooperación entre ambas naciones”.
La Embajada de Rusia en La Paz complementó, mediante un comunicado, que Verchenko reiteró “su firme compromiso con el respeto a la soberanía del Estado anfitrión, así como con el mantenimiento de relaciones de amistad y cooperación entre ambos países”.
Alegó que se había reaccionado por un artículo con “descalificaciones e insultos personales dirigidas contra el Presidente de la Federación de Rusia y, por ende, contra el pueblo ruso”, pero reconoció que “algunas formulaciones pudieron haber reflejado una reacción drástica”.
De todas maneras, “el Embajador subrayó que en ningún caso las acciones tomadas por la Embajada estuvieron dirigidas en contra del periodismo boliviano ni de la libertad de expresión”, añade el comunicado.