Réquiem para un gigante pacifista


Era un gigante surcando los cielos de Bolivia. El avión Lockheed C-130H Hércules, matrícula FAB-81, conocido entre sus tripulaciones como “la Chancha”, no era una aeronave cualquiera, pues durante casi cinco décadas se convirtió en las alas de la solidaridad boliviana.

Desde su llegada al país en 1977 hasta su último vuelo el pasado 27 de febrero de 2026, transportó personas, ayuda humanitaria, medicamentos, vacunas, combatió contra el narcotráfico y hasta trasladó animales vivos, llegando a lugares donde ningún otro avión podía aterrizar.

En su último viaje, su misión fue trasladar billetes del Banco Central de Bolivia. La ruta era de Santa Cruz a La Paz, donde la aeronave sufrió un accidente al aterrizar en el Aeropuerto Internacional de El Alto cerca de las 18.00 del viernes recién pasado, dejando un saldo de 24 muertos y una treintena de heridos.

Según el piloto Erick Rojas, los frenos no respondieron y la pista estaba congelada, lo que determinó una situación en la que fue imposible controlar la maniobra en tierra.

La Fuerza Aérea Boliviana (FAB) rindió un emotivo homenaje a la aeronave: “Despedimos a un fiel compañero que cumplió su misión con honor, dejando huellas imborrables en cada operación y en cada ser al que sirvió. Su legado permanecerá como ejemplo de entrega y vocación”, se destacó en un video institucional publicado en sus redes sociales.

 

Boliviano desde hace 49 años

Ramiro Molina, historiador de la Fuerza Aérea Boliviana, contó a la Agencia Boliviana de Información (ABI) cómo llegó el FAB-81 a Bolivia.

“Durante el primer gobierno de Hugo Bánzer, en 1976, se suscribieron los contratos para adquirir dos aeronaves Lockheed C-130H Hércules completamente nuevas, de fábrica, directamente de la Lockheed Aircraft Corporation de Estados Unidos. Estas aeronaves llegaron a Bolivia en julio de 1977 y marcaron un antes y un después en el transporte aéreo del país”, recuerda Molina.

El historiador cuenta que inicialmente, los aviones operaron en el Transporte Aéreo Militar (TAM) y, posteriormente, pasaron a la recién creada Transportes Aéreos Bolivianos (TAB) el 7 de noviembre de 1977.

“Desde entonces, participaron en innumerables operaciones de transporte de carga, importación y exportación de alimentos durante varios años, además de cursos de instrucción de lanzamiento de paracaidistas, participó en la lucha contra el narcotráfico y apoyó en catástrofes naturales”, explica.

Molina también recuerda que el avión llevó animales vivos como leones rescatados de un circo, caballos de competición y hasta caimanes de lagunas del Beni que se estaban secando. Los especímenes fueron trasladados a refugios fuera del país. “Llegaba a cualquier lugar, incluso pistas cortas y no preparadas. Fue siempre un puente de esperanza y auxilio”, destaca.

Durante los bloqueos y crisis alimentarias, la aeronave FAB-81 fue esencial, según Molina. “Este último bloqueo de caminos que se desarrolló en enero, transportó carne, pollo y otros alimentos”, recuerda.

 

Salvó vidas en misiones internacionales

La aeronave FAB-81 no solo sirvió a Bolivia. En diciembre de 1989, durante la invasión estadounidense a Panamá conocida como “Operación Causa Justa”, hizo posible la evacuación de bolivianos atrapados en medio del conflicto, dispuesta por el Gobierno de Jaime Paz Zamora, padre del actual presidente, Rodrigo Paz Pereira.

Con esa misión, “despegó del aeropuerto de El Alto una aeronave C-130-A Hércules con tripulación boliviana, llegando al aeropuerto ‘Omar Torrijos’ (de ciudad de Panamá) bajo intenso bombardeo. Lograron evacuar 26 bolivianos y siete ciudadanos de otros países, todos ilesos”, recuerda Molina.

La operación fue una muestra de la pericia y valentía de los pilotos y suboficiales, que incluían experiencia previa en Angola y Sierra Leona. “La aeronave permitió rescatar vidas cuando parecía imposible. Ese día, sus alas fueron literalmente salvación”, agrega el historiador.

Entre 1995 y 1999, el avión FAB-81 fue alquilado a la ONU para transportar ayuda humanitaria a países de África, participando en misiones en Luanda, Uganda, Sierra Leona y Zambia. Regresó a Bolivia tras cuatro años de servicio.

En 2020, durante la pandemia de Covid-19, el Hércules trasladó medicamentos, vacunas y oxígeno, enfrentando riesgos en los viajes y la naturaleza delicada de la carga.

 

Más que un avión, un símbolo de esperanza

El FAB-81 también participó en asistencia para mitigar los efectos de desastres naturales en Bolivia, sofocando incendios en la Chiquitania en 2024 y llevando ayuda humanitaria durante inundaciones y escasez de alimentos. “En cada vuelo, sus alas llevaron auxilio y salvación cuando el tiempo era decisivo”.

Sobre la pérdida del Hércules, Molina advierte: “Es irreparable. Ojalá no tengamos que enfrentar otra crisis similar sin esta capacidad (de transporte aéreo). Este tipo de aeronaves son vitales para un país con nuestra geografía”.

Actualmente, la Fuerza Aérea Boliviana mantiene operativos otros tres aviones C-130 en la Fuerza de Tarea “Diablos Negros” con base en El Alto. La ahora extinta aeronave FAB-81 era la última de su tipo en operar como parte de TAB.

Sobre la posible compra de un reemplazo, Molina explica que una aeronave moderna similar podría costar cerca de 20 millones de dólares. “Son inversiones altas, pero necesarias para asegurar que Bolivia continúe contando con este tipo de transporte estratégico”.

Al estrellarse a tierra, la estructura del avión quedó destruida luego de recorrer un kilómetro fuera de control desde el contacto con la pista en su último vuelo. Su memoria trasciende la tragedia.



Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *