El fútbol tiene mala memoria, pero las malas temporadas dejan huella. El Real Madrid regresará al Camp Nou cargando con una campaña que se ha ido cayendo a pedazos. Eliminado de la Copa, con el Bayern esperándole en Champions con ventaja y a nueve puntos de un Barça que acaricia un nuevo título liguero. Poco más en juego que el honor ante una distancia insalvable. Para los de Arbeloa, la penitencia pasa por la Ciudad Condal.
El final puede ser el 10 de mayo. El Barça podría llegar a ese Clásico con nueve puntos de ventaja y los mismos partidos jugados que el Madrid. Antes, ambos tienen tres jornadas de Liga: los culés reciben al Celta y viajarán a Getafe y Pamplona; los blancos juegan en casa ante el Alavés, visitan al Betis y al Espanyol. Si ambos ganan los tres, el Clásico llega con la diferencia intacta de nueve puntos, lo que proclamaría campeón al Barça si gana en su feudo. Si el Madrid pincha en alguno de los suyos y el Barça apura los suyos, el alirón puede llegar incluso antes de ese fin de semana.

Un Clásico que vale una Liga.
Atendiendo a las matemáticas, para que el Camp Nou no sea escenario del alirón, el Madrid necesita ganar sus tres partidos previos y confiar en que el Barça tropiece al menos una vez. Solo en ese caso el Clásico llegaría sin título en juego para los culés. Cualquier otro escenario, cualquier pinchazo del Madrid o victoria adicional del Barça, acerca la corona a Barcelona antes o durante la noche del Clásico. Cada jornada que pasa sin que el Madrid recorte puntos, el milagro se aleja un poco más.
El pasillo, en el aire
Si la debacle blanca continúa y los de Flick cantan el alirón antes del Clásico, el Madrid regresaría al Camp Nou con algo más que un partido por delante: el dilema del pasillo. El único precedente en ese estadio es de 1988, cuando el Barça aplaudió a la Quinta del Buitre como campeón de Liga. En 2018 la situación fue la inversa. El Madrid visitó el Camp Nou con el Barça ya campeón y Zidane lo resolvió con una frase. “No vamos a hacer el pasillo al Barça, es mi decisión”, sentenció.

Pasillo del Barça al Madrid en 2008.PABLO GARCIA
Pero antes de los gestos, está el partido. Al Madrid de Arbeloa le queda Champions por salvar —el Bayern ganó 1-2 en el Bernabéu— y una Liga que ya es del Barça salvo catástrofe. De no resolver la papeleta en Champions, el Clásico podría ser el último golpe en una campaña para olvidar. Sin colchón, sin autoridad y con el fantasma de una temporada que se ha ido deshaciendo desde aquella Supercopa de enero.